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Servicios de Información e Innovación Tecnológica

L. en B. José Luis Ruiz Padilla
Octubre de 2020

Es ocioso cuestionar la importancia de los servicios de información en una biblioteca de cualquier tipo, ya que son, precisamente los servicios que se ofrecen los que le dan razón de ser. Es un tópico añejo, probablemente sobre el que más se ha escrito y publicado a través de la historia de la bibliotecología y no hay señales de que pueda pasar a segundo término en algún momento, porque en torno suyo se realiza la planeación de bibliotecas y el desarrollo de nuevas herramientas que permiten y agilizan el manejo de grandes volúmenes de información. Es gracias a la visión del profesional de la información que las tecnologías informáticas que aparecieron desde mediados del siglo pasado, han incursionado con éxito en todas las actividades encaminadas a la oferta de servicios de información en los diversos tipos de bibliotecas.

Es común hablar del usuario como si fuese un ente amorfo y desconocido. En este caso, los servicios que se le ofrecen también suelen carecer de forma y son poco especializados; sin embargo, la incursión de las tecnologías de la información y la comunicación en esta área de nuestra especialidad ha requerido, además, la definición e identificación precisa del usuario y su perfil de interés; de otro modo la planeación y diseño de servicios de información carecería de sentido.

Cada vez es más común encontrar, sobre todo en instituciones de investigación, al profesional de la información “atendiendo” demandas de servicios hechas por otros profesionales. Como lo menciona el Dr. Adolfo Rodríguez Gallardo “…la presencia de los profesionales de la información con otro tipo de profesionales que trabajen con nuestro apoyo y nuestra ayuda” (Rodríguez Gallardo, 2015).

Es evidente que mientras más especializada es una biblioteca, mayor especialización requiere, no sólo en la información que gestiona, sino además, en el personal que la atiende, por lo que los dispositivos y la conectividad requerida, de igual forma deben estar a la altura.

El ciberespacio y los servicios de información

Si bien es cierto que el profesional de la información colabora codo a codo con las investigaciones de otros profesionales en las diversas áreas del conocimiento, también lo es que la investigación no exenta al profesional de la información. La implementación de nuevos servicios o la modificación de los existentes para adaptarlos a la incursión de herramientas tecnológicas requieren, por supuesto, análisis previo. La ciencia no estudia las artes adivinatorias, por ello, el profesional de la información recaba información de sus usuarios; necesita esta retroalimentación para asegurar servicios de calidad; pero también realiza estudios con la finalidad de conocer qué está a su alcance en lo referente a mecanismos para manipulación de información, así como a lo que se puede obtener a través de una conexión a Internet o al World Wide Web.

La salida hacia el mundo, desde una computadora, le ha permitido al bibliotecólogo ofrecer servicios y gestionar información por la que no necesariamente debe pagar en términos monetarios. Es cierto que mucha de la información que requiere el usuario se localiza y se consigue únicamente mediante el pago por ese producto; sin embargo, cada vez es más la información y los recursos informáticos que se pueden obtener sin necesidad de reembolsar una cantidad de dinero. Este conocimiento es parte de las habilidades que el profesional de la información debe desarrollar si aspira a involucrarse en el mundo de la información y sus herramientas tecnológicas.

“La tecnología tiene una dimensión social, más cuando hablamos de un servicio de información” (Zurita Sánchez, 2015) las implicaciones de esta aseveración en nuestra profesión son trascendentales ya que en buena medida el desarrollo de herramientas tecnológicas de comunicación a gran escala se ha dado por investigadores que no tuvieron en mente un beneficio económico personal por ello, simplemente lo desarrollaron y lo ofrecieron al mundo, estos adelantos se utilizan hoy prácticamente en todo el mundo: software libre, bases de datos, repositorios, etc.

En 1931 Ranganathan publicó su obra “Five laws of library science”, en esas leyes que formuló hace mención al libro como único medio de proporcionar información al usuario. Si tuviesen que ser reescritas esas leyes en la actualidad ¿en qué términos tendrían que redactarse? Más allá de que sus dos últimas premisas no han perdido ni perderán vigencia: “Ahorrarle tiempo a los lectores” y “La biblioteca es un mecanismo que crece” (González, 2015). La consideración de estas dos leyes ha logrado que la implementación de herramientas tecnológicas sea todo un éxito en los más diversos tipos de bibliotecas.

El trabajo que hace el profesional de la información al seleccionar y organizar aquella que sea útil para ofrecerla libremente al usuario se ha trasladado al ciberespacio y ha alcanzado proporciones inimaginables. Esto dio inicio a un debate, siempre por profesionales de otras áreas, principalmente aquellos relacionados con las ciencias de la computación, respecto a la permanencia y pertinencia de nuestra profesión ya que se vislumbraba la posibilidad de obtener, a través de Internet cualquier información que se necesitara. Evidentemente pasaron por alto los principios básicos de la bibliotecología, ¿cómo hubieran podido considerar algo cuya existencia, hasta hoy, desconocen?

Pero la problemática que enfrentamos hoy por la utilización de herramientas tecnológicas ya se visualizaba antes de la aparición de la computadora en las bibliotecas. José Ortega y Gasset en 1935 menciona en su Misión del bibliotecario “…no solo hay ya demasiados libros, sino que constantemente se producen en abundancia torrencial. Muchos de ellos son inútiles o estúpidos, constituyendo su presencia y conservación un lastre más para la humanidad…” (Ortega y Gasset, 2005) ¿No es esto parte del problema que enfrenta el cibernauta hoy día?

Es cierto, para muchas personas cuya inclinación es el comercio, Internet abrió grandes posibilidades de crecimiento en la compra y venta de mercancías. La información no ha quedado rezagada en este sentido; sin embrago, obtener una ganancia económica no lo es todo para mucho profesionales que lo que buscan es el reconocimiento por su trabajo, que se haga patente su mérito en tal o cual desarrollo.

En este sentido, el profesional de la información juega un rol muy importante ya que, ese reconocimiento en buena medida se logra a través de una cita bibliográfica, una referencia, el reconocimiento entre pares. Esto es parte del trabajo profesional del bibliotecólogo, no hacerlo así implica incurrir en plagio, un delito de derechos de autor.

Es importante recordar que la huella digital en el ciberespacio permanece a través del tiempo. Hay quien dice que permanece allí para siempre, me parece que eso todavía está por verse. Lo que es un hecho irrevocable es que nuestro paso por la web deja huella; una que alguien podría seguir hasta conseguir absolutamente todos los datos, personales o no, que en algún momento se ofrecieron al “sumergirse” en el ciberespacio. Respecto al tema de la huella digital, pueden consultarse páginas como spyber.com que muestran información relevante del usuario con sólo ingresar al sitio, ni siquiera es necesario solicitar nada.

Mejor aún, ya que tocamos el tema de la huella digital en el ciberespacio, cabe mencionar un hecho importante: especialistas de Google han hecho estudios para conocer cuáles son las búsquedas que está realizando el cibernauta; esto ha llevado a hacer predicciones en los más variados ámbitos, por ejemplo, un brote epidémico de influenza con antelación a que los sistemas de salud nacional lo hayan identificado.

De esta manera, no sólo la información que se localiza en la web puede o no ser de utilidad; la información sobre lo que se busca ha probado tener un valor igual o superior, ya que implica tendencias sociales. El profesional de la información ya debería estar investigando esta nueva fuente para adelantarse a los requerimientos de información que podría tener en un futuro próximo.

Innovación tecnológica

La fuerza fundamental, de acuerdo con J. Schumpeter, del desarrollo económico es el proceso de innovación tecnológica. (Montoya Suárez, 2004) Este concepto netamente económico conlleva una carga social para el profesional de la información en términos de participación en ese proceso de innovación. Parece ser que son otros profesionales los desarrolladores: ingenieros, químicos, biólogos, etc.; sin embargo debemos recordar que todo adelanto tecnológico surge, indefectiblemente, de un problema social identificado. Cuando los científicos, industriales o universidades investigan sobre las posibles soluciones de ese problema, surge la innovación. La historia nos ha enseñado esto, aun cuando Thomas Kuhn en su “La estructura de las revoluciones científicas” probó que los científicos, simplemente son incapaces de “ver” los resultados de sus experimentos si estos no concuerdan con lo esperado, al final, cuando el desarrollo social y tecnológico lo permite, los resultados saltan a la vista. (Kuhn, 2013)

El papel del profesional de la información en el desarrollo de nuevas tecnologías que permitan el manejo de grandes cantidades de datos y su depuración con la finalidad de ofrecer al usuario un “producto terminado”, esto es, información socialmente útil, va más allá de la simple utilización, o implementación de tecnologías desarrolladas para un ámbito distinto al entorno bibliotecario. Las innovaciones tecnológicas de que echa mano el profesional de la información se han desarrollado, efectivamente, para satisfacer una necesidad: El control de todos los recursos de información que actualmente se producen. Esta es una meta difícilmente alcanzable ya que involucra políticas gubernamentales, leyes de todo tipo (derechos de autor, depósito legal, acceso a la información, patentes, etc.); y por supuesto la otra parte, fuera del sector público: autores, desarrolladores, editoriales, usuarios y distribuidores.

Sin duda, de los servicios de Internet, el World Wide Web es el más utilizado en el ámbito del bibliotecólogo. La consulta remota de archivos de hipertexto fue un desarrollo que revolucionó los servicios de información en las bibliotecas de todo el orbe, sin olvidar otros que, a la par con el World Wide Web, permiten al profesional de la información intercambiar, enviar y recibir archivos (texto, voz, imagen, multimedia), como son: el correo electrónico, boletines, conversaciones en línea, mensajería instantánea y telefonía.

Las herramientas tecnológicas están allí, a la mayoría se accede de manera gratuita. En algunos casos es necesario invertir trabajo en adaptar los desarrollos tecnológicos libres a las necesidades privadas de una institución; sin embargo, deben evaluarse minuciosamente las ventajas económicas y estratégicas que esta alternativa conlleva. Básicamente el problema por resolver se limita a determinar qué desarrollo tecnológico se podría adaptar y con qué fin, después de haber resuelto, claro, la disyuntiva del hardware y su conectividad.

¡Más información en menor tiempo! Esta parece ser la premisa. Da la impresión que olvidamos los límites de lo humano. Es cierto, las herramientas tecnológicas han impulsado cada uno de nuestros sentidos a grado tal que hemos desarrollado habilidades, sobre todo oculares en los últimos siglos, por el uso del alfabeto, primero; y después por el uso de herramientas visuales para potenciar nuestros alcances. “El conocimiento del alfabeto da a las personas el poder de enfocar la mirada un poco por delante de cualquier imagen, de modo que la captan en su totalidad a un golpe de vista. Las gentes analfabetas no han adquirido este hábito y no miran los objetos a nuestro modo.” (McLuhan, 1969) p.62.

El mismo McLuhan menciona un poco más adelante en su obra “Con la imprenta, el ojo aceleró y la voz se acalló” (McLuhan, 1969) p.71. Me pregunto si no estaremos ante un fenómeno de evolución sin precedente en el que la máquina potencia uno o varios de nuestros sentidos permitiendo al usuario el desarrollo de habilidades que hasta hace unas cuantas décadas eran impensables. Herramientas tecnológicas y habilidades desarrolladas en los humanos representan dos factores inseparables al hablar de innovación.

¿De qué manera está desarrollando sus sentidos el usuario de información? Es un hecho, el bibliotecólogo no requiere realizar programación, pero sí requiere la habilidad para “explotar” esos programas, habilidad que difícilmente pondrá en práctica si los desconoce, además, como lo menciona Valentino Morales, sí debe “…participar en el desarrollo de los conceptos y modelos de los sistemas; en el control de la implementación de los sistemas; y en el aseguramiento de la calidad de los datos, información y documentos que ingresan al sistema para su adecuado análisis.” (Morales López).

Las herramientas tecnológicas llegaron al ámbito del bibliotecólogo como una solución ante la demanda de información en un mundo que produce cantidades ingentes de ella, mientras el trabajo de selección debe hacerse, literalmente, “a mano”. Aunque empiezan a desarrollarse buscadores semánticos, todavía tendrán que pasar algunos años para ser una realidad.

Entonces, uno de los grandes retos que enfrentamos, como profesionales, es, además de conocer los adelantos tecnológicos en materia de comunicación e información, conocer al usuario, sus requerimientos y, sobre todo, sus habilidades tecnológicas. De ello depende en gran medida cerrar la grieta que existe entre la información que se le pude proporcionar mediante la utilización de las herramientas tecnológicas existentes y el uso y utilidad real de esa información, aun cuando el usuario sea incapaz de comprender la forma en que se ejerció el proceso de búsqueda y recuperación de la misma.

El usuario de la información vs El profesional de la información

El término innovación implica cambio, habla de lo nuevo. Es por eso que no siempre es bienvenido; se sabe que siempre hay resistencia al cambio y a pesar de ello, el cambio, lo nuevo, se introduce en cada aspecto de nuestra vida y hasta los más escépticos terminan por aceptarlo. Así la innovación tecnológica y la oferta de servicios de información han formado un binomio difícil de separar. Salvo algunos reductos, principalmente en bibliotecas públicas, la resistencia al cambio sigue triunfando sobre la innovación; el resto, bibliotecas universitarias (públicas y privadas), bibliotecas especializadas y centros de investigación han adoptado las herramientas tecnológicas como medio inequívoco de atender, satisfactoriamente, una demanda creciente de información.

Los usuarios no son pasivos. Están habituados al contacto con herramientas tecnológicas, conocen la problemática respecto a la recuperación de información, y mejor aún, conocen, en muchos casos, las fuentes de la información que les interesa. Es importante hacer énfasis en este conocimiento y habilidades que el usuario actual posee ante un servicio de información, porque ambos aspectos, en la mayoría de los casos, los adquirió el usuario por su cuenta.

En ese proceso el profesional de la información poco, o nada, tuvo que ver. Pero ¿qué pasa en una biblioteca cuando el usuario que solicita información no tiene el conocimiento ni las habilidades para utilizar las herramientas tecnológicas que se le ofrecen? Con frecuencia olvidamos que vivimos una etapa de transición, y que no todos los usuarios han tenido la misma oportunidad de acceso a las tecnologías en la medida en que surgieron y evolucionaron; muchos de ellos están teniendo su primer contacto ahora. ¿Qué se está haciendo por estos usuarios?

Hace tiempo se hablaba mucho de programas de formación de usuarios; tal parece que ese es un tema caduco. Aunque los jóvenes han crecido en un ambiente tecnológico, no es poco frecuente que un adulto con deseos de superación ingrese a una escuela de formación profesional. Como alumno, ese adulto asume su papel un tanto desfasado del resto de sus compañeros debido a que, en su rol de usuario de la información y en el de usuario de recursos tecnológicos parte en desventaja en relación a sus compañeros “jóvenes”. Esto sucede aun en escuelas de biblioteconomía, bibliotecología y ciencias de la información y estas, no se están responsabilizando de cubrir esa necesidad, aunque sea solo para unos cuantos.

Por otro lado, el bibliotecario profesional tiene la responsabilidad social de atender demandas de información mediante la utilización de herramientas tecnológicas actuales; si dispone de ellas debe utilizarlas, como lo menciona Valentino Morales López “El profesional de la información debe ser el enlace entre el usuario y la información mediante servicios de información robustos”; pero ese profesional tiene la misma responsabilidad si su centro de trabajo carece de herramientas tecnológicas que le permitan ofrecer “servicios de información robustos”.

En la actualidad un usuario con habilidades tecnológicas puede obtener información de un sinnúmero de fuentes: bibliotecas, repositorios y bases de datos, entre otros mediante una computadora y una conexión a Internet. De hecho, hablar necesariamente de “computadora” se está volviendo obsoleto, ya que el mismo alcance se puede obtener mediante un teléfono celular o una tableta.

Esto abre una gama de posibilidades para la oferta de servicios de información ya que los recursos mencionados no se limitan a información referencial, sino a información en texto completo, imágenes, audio y video; todo al alcance del usuario con un dispositivo portátil. Al parecer, la única limitante para el usuario de la información es saber en dónde encontrarla, la elección no es fácil si nos planteamos la idea de la multiplicidad de recursos existentes en el ciberespacio.  queda un largo camino al bibliotecario para definir qué servicios implementará para ajustarlos a las necesidades de los usuarios y a las tecnología que hemos referido.

La biblioteca nace, crece y evoluciona, sin embargo, hasta el siglo XX la biblioteca “evolucionó” básicamente en términos de materiales documentales y su soporte; sin embargo a partir de los años 50 de ese siglo, el profesional de la información ha presenciado un vertiginoso tiempo de cambio, sí en términos de materiales documentales y su soporte; pero además, en los métodos utilizados para organizarlos, la diversas formas de almacenarlos y sobre todo, la facilidad que se ha alcanzado para recuperarlos. Esto se logró, fundamentalmente, gracias al desarrollo de las tecnologías de comunicación e información; y por supuesto, gracias a bibliotecarios profesionales visionarios que se dieron a la tarea de implementarlas con la finalidad de solucionar la problemática que enfrentaban, en ese momento la mayoría de las bibliotecas: justamente la referente a la organización, almacenamiento y recuperación de información en el menor tiempo posible. En buena medida, ese reto fue superado.

Actualización e implementación

Las herramientas tecnológicas están aquí, en nuestro ámbito de interés. Ya no hace falta probarlas para tener la certeza de que funcionan. ¡Funcionan!; El hecho de no haber presupuesto para la compra de un sistema de gestión bibliotecaria también ha dejado de ser un factor que impida al profesional de la información ingresar a la era digital. Incluso la falta de presupuesto para adquisición de materiales documentales para cierto tipo de bibliotecas, también ha dejado de ser un factor importante. Así las cosas, surge necesariamente la pregunta: ¿entonces en qué debe enfocar sus esfuerzos el bibliotecólogo? La respuesta, según veo la situación actual de nuestra profesión es simple: actualización e implementación. Aunque una respuesta simple, no necesariamente implica una ejecución igual de simple.

Actualización implica estar al día de los adelantos tecnológicos en materia de comunicación e información, pero esto no será posible si no se tiene idea de los lugares que podrían permitir esa actualización; los contactos profesionales indispensables para retroalimentar ideas y, sobre todo, asociación. Un profesional debe asociarse con otros profesionales, no sólo de su área de interés, sino con otros especialistas en áreas que implican una relación para el propio quehacer en términos de alcance profesional: educación, computación, comunicaciones, política y gobierno, etc. Ya sea en asociaciones que convocan a sus asociados y se reúnen, o en comunidades virtuales que en la actualidad tienen mucho éxito por la dinámica con la que trabajan y obtienen resultados mediante el trabajo voluntario sin fines de lucro. Como se mencionó antes, no es fácil.

Al hablar de ejecución me refiero, desde luego, al hecho de tener una estrategia definida para implementar aquellos desarrollos tecnológicos que pueden apoyar en la solución de problemáticas específicas de nuestra área de trabajo. Estar al día representa demasiado trabajo como para desdeñar lo que surge, lo que se desarrolló individualmente o en equipo, trátese de hardware, software, trabajo cooperativo, etc. La ejecución implica la obtención de resultados por el trabajo realizado. Todo con una sola idea en mente, como lo dijo Ranganathan hace 79 años: “Ahorrarle tiempo a los lectores” y “La biblioteca es un mecanismo que crece”.

Trabajos citados

González, M. d. (9 de septiembre de 2015). Las leyes de Ranganathan y el web de la biblioteca. Recuperado el 9 de septiembre de 2015, de Infomed Biblioteca Médica Nacional: http://www.sld.cu/sitios/bmn/temas.php?idv=12291

Kuhn, T. S. (2013). La estructura de las revoluciones científicas (4a ed.). México: FCE.

McLuhan, M. (1969). La galaxia Gutenberg: génesis del homo typographicus. (J. Novella, Trad.) Madrid: Aguilar.

Montoya Suárez, O. (Agosto de 2004). Schumpeter, innovación y determinismo tecnológico. Scientia et technica, 10. Pereira, Colombia. Recuperado el 14 de Septiembre de 2015, de dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4842897.pdf

Morales López, V. (s.f.). La innovación tecnológica. Foro Nacional de Profesionales de la Información (2o : 2015, ago. 27-29: ENBA).

Ortega y Gasset, J. (2005). Misión del bibliotecario. México: CONACULTA : Fundación José Ortega y Gasset.

Rodríguez Gallardo, A. (2015). La importancia coyuntural de la ENBA en la sociedad de la información. Foro Nacional de Profesionales de la Información: tendencias de las “nuevas” tecnologías en las unidades y servicios de información (2o : 2015, 27-19 ago. : ENBA) :. México.

Zurita Sánchez, J. M. (2015). La ética de dones en el ciberespacio y su repercusión en los servicios de información. Foro Nacional de Profesionales de la Información: Tendencias de las “Nuevas” Tecnologías en las Unidades y Servicios de Información (2o : 2015, ago. 27-29 : ENBA). México.