El terrorismo bibliográfico en el tiempo

Asociación Mexicana de Profesionales de la Edición. 13 mayo 2021 18:05

El patrimonio bibliográfico es el conjunto de bienes reunidos en una biblioteca o archivo que proveen de identidad a una etnia o nación. Ésta es la razón por la que la mejor manera de provocar una crisis identitaria es destruyendo y diezmando los legados escritos.

Por desgracia la historia está llena de lamentables episodios en los que la guerra, el fanatismo, la ignorancia o los prejuicios han causado graves pérdidas en el patrimonio bibliográfico y cultural de la humanidad. Parte de esas catástrofes bibliográficas son los saqueos, la destrucción y la quema de bibliotecas; algunas han sido accidentales o daños colaterales de acciones bélicas, pero otras fueron estratégicamente calculadas.

Antiguo Egipto

El Papiro de Ipuur, también conocido como Lamentos de Ipuur, es un poema en papiro que describe la caída del Imperio Antiguo Egipcio y donde el autor relata cómo fueron arrasadas las bibliotecas de muchos templos durante las revueltas sociales.

Tristemente no fue la última vez que la sociedad egipcia se vio despojada de su historia: en el año 525 aC el historiador Heródoto cuenta que el rey persa Cambises invadió Egipto y quemó todos los papiros de las bibliotecas sagradas.

Gran Biblioteca de Alejandría

La Biblioteca de Alejandría se construyó en el siglo III aC y pronto se convirtió en el centro de la cultura helénica donde se compilaba todo el conocimiento de la época. Durante el asedio romano a la ciudad, en el I aC, Julio César pensó que vencería a los egipcios si incendiaba sus puertos; pero no calculó (o no le importó) afectar también la Gran Biblioteca.

Aunque la destrucción fue parcial, el daño ya estaba hecho y se considera una de las pérdidas culturales más grandes en la historia de la humanidad. Pero, por desgracia, no sería la única vez; todavía en dos ocasiones más sería quemada y arrasada: una, en el año 391 de nuestra era, por el enfurecido cristiano Teófilo quien quiso destruir todo lo que hablara del paganismo; otra, en el 642, cuando el líder árabe Amr quiso exorcizar a los impíos autores grecolatinos que emponzoñaban la ortodoxia fijada por el Profeta.

Biblioteca de Trípoli

Si bien, tras el éxito de la primera cruzada en el año 1099 dC algunos cruzados regresaron tranquilamente a sus casas, otros prefirieron permanecer en las tierras musulmanas conquistadas para consolidar el cristianismo. De esta manera la ciudad de Trípoli (actual Líbano) permaneció sitiada durante más de seis años; lapso en el que un sacerdote notó la multitud de volúmenes del Corán que se resguardaban en la biblioteca de la ciudad y, sin dudarlo, de inmediato ordenó el incendio del edificio.

Biblioteca de Constantinopla

Otro caso es el de la Biblioteca Imperial de Constantinopla, fundada por el emperador Constancio II en el siglo IV dC; gracias a él muchas obras de la literatura griega pudieron copiarse y conservarse: cuentan que llegó a tener más de cien mil rollos.

Sin embargo, la biblioteca de Constantinopla sufrió varios incendios: en el año 473 fueron alrededor de 120 mil volúmenes los que se quemaron; aunque algunas obras ya habían sido copiadas y difundidas a través de otros textos. En el siglo VIII sufrió otro incendio y en 1202 volvió a ser destruida y arrasada durante la cuarta cruzada.

Es lógico que gran parte de los libros se hayan ido perdiendo, pero fue la caída de Constantinopla lo que contribuyó a la destrucción completa de la Biblioteca en 1453.

Estos son sólo algunos ejemplos, distantes en el espacio y en el tiempo, que dan cuenta de cómo la cultura bibliográfica ha sido víctima de pasiones, intolerancias y acciones bélicas que terminan afectándonos a todos.